El día que partí a Culiacán, la semana pasada, muchos pensamientos se cruzaron por mi cabeza; mis sentimientos se mezclaban: la emoción, el miedo, la alegría y la incertidumbre de no saber lo que pasaría en aquella travesía.
Esperé impaciente en la central camionera, mientras caminaba de un lado a otro, hasta que por fin llegó la hora de abordar el autobús, me aguardaba una larga noche: 10 horas de camino y una gran aventura por delante.
Pensé que mucha gente iría al mismo lugar a donde yo me dirigía, pero grande fue mi sorpresa al ver que de los 8 pasajeros desconocidos que me acompañarían en el camino, era la única persona que bajaba en Culiacán, los demás se dirigían a distintos destinos… Hermosillo, Tijuana, Los Mochis y otros lugares que ya no recuerdo…
El nerviosismo y la ansiedad se apoderaban de mi cuerpo, mientras en mi mente retumbaba el estribillo de una canción de la Oreja de Van Gogh que siempre tarareo al salir de viaje: “La noche esta tan clara, no puedo perder nada… espero llegar… Un viaje sin destino, a las estrellas pido… les pido valor…” Mientras me acomodaba en el asiento, me pregunté tantas cosas…
¿Qué pasaría en esos 5 días? ¿A quienes conoceré? ¿Cómo será la gente de allá? ¿Cómo me voy a mover sola y en una ciudad que no conozco? No era la primera vez que viajaba sola, pero en otras ocasiones, siempre alguien me esperaba en la central, o al llegar, sabía que me acoplaría a algún grupo aunque fueran desconocidos en ese momento. Pero esta vez, era distinto…
Decidí olvidarme un poco de todas estas y otras interrogantes existenciales e intentar dormir un poco; el frío y el ruido de la TV impidieron que pudiera conciliar un buen sueño, aunado con la curiosidad de mi imaginación que seguía dándole vueltas a todo lo posible y lo imposible. Las horas pasaron y aquella noche hice un juramento: llegando allá, me olvidaría de todo lo que había dejado atrás, al menos por esa semana, viviría el presente sin importarme el pasado ni el futuro… y así fue, pues parece que al bajar del camión, enterré el recuerdo de mi ciudad, la escuela, me olvide de las tareas, del trabajo, de las clases, de los compañeros, de mis padres, de las viejas heridas y de todo aquello que abrumaba mi mente. De vez en cuando sólo recordaba a unos amigos allegados y me preguntaba ¿qué estarían haciendo? Aquellos días me dediqué a vivirlos al máximo, y a disfrutar cada segundo del día; es algo que en lo cotidiano llega a olvidarse, pero es muy importante recordarlo…
Después de arrastrar unos metros mi maleta, tuve una sensación que nunca olvidaré… por un momento me sentí sola… perdida… no sabía como iba a llegar al hotel, ¿Hacia dónde caminar? ¿Sin rumbo fijo? Daba igual ir para un lado o para otro, de todas formas no conocía nada ni a nadie de aquel lugar. Decidí hacer algo que no me atrevería hacer ni en Guadalajara, ni mucho menos en el Distrito Federal: tomar un taxi sola. Para mi fortuna, el chofer se portó muy amable y respetuoso. Después de 15 minutos, ¡por fin llegué al hotel!… ¿Hotel?… ¡Santo Dios! ¡Aquello no era un hotel!, más bien parecía la vecindad del chavo del 8. En ese momento, recordé como un “flashback” aquella vez que fuimos a las playas de Melaque a un concurso, cuando estaba en la secundaria. Llegamos a un hotel donde los ventiladores casi se caían, habia mosquitos por todos lados, el baño estaba tapado y asqueroso, la cocina sucia, no habia tele y nos tuvimos que cambiar a algo más decente en ese mismo momento. Algo similar experimentaba en aquel instante, sólo que no era tan extremoso como lo fue en aquella ocasión. Al entrar a la pequeña recepción, me dieron la llave de mi “cuartito”, que estaba ubicado subiendo unas escaleras oscuras y estrechas. Entré y decidí no desempacar más que lo indispensable para darme una ducha y cambiarme.
Al entrar al baño, me di cuenta de que no tenía cortina, por lo que se podrán imaginar el batidero de agua que dejé por todos lados. Me cambié y Salí a buscar un teléfono público para localizar a la única persona conocida que probablemente ya estaría llegando a su hotel: Un amigo que trabaja en Televisa y se llama Raúl, le prometí apoyarlo en el evento, y de no haber sido por el y su esposa, quien sabe en qué líos me hubiera metido. Me dijo que sobraba un lugar en el hotel donde estaban hospedados, que obviamente era mucho mejor que el mío, un compañero de ellos, tuvo una emergencia y no podría asistir, si lo quería tomar estaba disponible, pues de lo contrario, se iba a desperdiciar ese lugar; así es que no dude ni un minuto en tomar mis cosas y cambiarme de hotel. Nos quedamos de ver en un punto céntrico: la catedral, de ahí, nos iríamos a ver las instalaciones donde iba a ser ESPACIO.
Y se preguntarán ¿Por qué todo este viaje? ¿De que hablo? ¿Qué es ESPACIO? ¿Por qué tanto alboroto con eso?
Bueno, pues ESPACIO, es un evento que se realiza cada año en un lugar diferente de la República Mexicana, es un foro abierto a todos los jóvenes universitarios de todas las carreras, donde se hablan de diversos temas, es organizado principalmente por Televisa, y también por algunos patrocinadores que apoyan el evento. Como siempre mi pasión han sido los medios, desde hace ya varios años, tenía muchas ganas de ir a este foro, pero debido a que aun no era universitaria, y a otras circunstancias, no se había dado la oportunidad. Pero ahora estaba ahí… era el principio de un sueño, la plataforma para aprender y compartir experiencias.
Al llegar a la sede, que era la Universidad Autónoma de Sinaloa, Raúl me consiguió un gafette de Staff, por una semana sería como un miembro más de una empresa tan grande como lo es Televisa.
Para algunos, no tendrá mucha importancia, pero para las personas que vivimos de los medios de comunicación y que queremos transmitir un mensaje a las personas, estar ahí de esa manera, era todo un honor y un gran privilegio. Con aquella acreditación, podía transitar libremente por casi todos los rincones de las instalaciones, incluyendo las oficinas de producción, los camerinos y 3 alimentos diarios en el comedor para proveedores de los patrocinadores, anfitriones de Culiacán y empleados de Televisa (Camarógrafos, productores, técnicos, etc.)
Las cosas no podían haber sido mejores, todo estaba saliendo mucho mejor de lo que pensé. Comenzamos a caminar por toda la Universidad… lo que vi, fueron escenas maravillosas… pude observar, como daban los últimos detalles para que todo estuviera listo el lunes, fue el esfuerzo de cientos de personas. Una aglomeración de jóvenes sinaloenses se organizaban en grupos y filas, repartiéndose tareas y funciones que harían durante toda la semana: a algunos les tocaría estar en el área de registro, a otros como anfitriones, unos más dando informes o como parte del equipo de seguridad en las conferencias y a la entrada del evento.
Más adelante, había personas pintando paredes, o escaleras, otros armaban escenografías, o pegaban grandes carteles. Algunos se encontraban montando los stands, probando el sonido y limpiando cada centímetro de concreto. Sólo se veía gente ir y venir rápidamente, algunos con papeles en las manos, otros sólo caminaban de un lado a otro buscando a alguien para decirle algo, y mientras tanto, Raúl, Mara y yo, buscábamos un sitio donde poner una manta que traía mi amigo. Así se hizo de noche, caí rendida en la cama, al día siguiente, comenzaba mi odisea y tenía que descansar.
Desperté toda la noche, como lo hago cuando estoy ansiosa de que amanezca, por fin dieron las 6 de la mañana en el reloj, me metí a bañar y me arreglé rápidamente, tuve otro de esos golpes de suerte y en un hotel que quedaba a unas cuadras, estaban saliendo camiones que iban a la sede del evento, supuestamente, era solo para los que estaban hospedados ahí, que en su mayoría eran empleados de Televisa, pero gracias al gafette pude colarme y pasar casi desapercibida sin que nadie me dijera nada. Pronto hice amigos muy agradables y fui agarrando mas confianza con los demás.
Al llegar allá, había una larga fila de unos 7 mil estudiantes de todos los rincones de la república, que pretendían entrar a la inauguración; afortunadamente no tuve que hacer esa larga cola para estar adentro. Alrededor de las 9 y media, ingresé al auditorio principal, donde sería la bienvenida, aquel lugar ya estaba casi repleto, busque un lugar al centro donde sentarme, y después comenzó un pequeño espectáculo hecho por algunos actores y bailarines. Al dar las 10 de la mañana, el lugar se quedo en silencio y apagaron las luces por unos segundos, instantes después entro por la puerta derecha una banda que tocaba con todo el corazón la canción del Sinaloense, que fue como el eslogan oficial del evento y de ahí en adelante, cada conferencia y cada programa, lo abrían con el inicio de aquella melodía. La banda retumbaba y el público se estremecía en gritos de emoción y euforia, las luces recorrían todo el auditorio… aquella escena era estremecedora. Después de que terminó la canción, el señor Emilio Azcarraga Jean, nos dio una cordial bienvenida junto con el Gobernador del estado de Sinaloa.
Después de la bienvenida, dio inicio la primera mesa plenaria: “Políticas y políticos ¿Qué hay de nuevo?” donde expondrían sus puntos de vista, el Dr. Luis Carlos Ugalde, Consejero Presidente del Instituto Federal Electoral y el Lic. Carlos María Abascal Carranza, Secretario de Gobernación; como Moderador el Sr. Carlos Alazraki, Publicista. A lo largo del debate, se trataron temas de política nacional e internacional, así como la libertad de expresión en México y el escenario de las próximas elecciones del 2006. Durante la conferencia, tuve el gusto de conocer a un chico llamado Fernando, que trabaja en Televisa y en aquel momento estaba coordinando algunas actividades y el programa nocturno que grabarían en la tarde para que saliera después del noticiero del “Teacher” (Joaquín López Dóriga); luego de intercambiar algunos comentarios sobre política, Fernando me animó a hacer una pregunta al final de este primer evento, para después invitarme a un debate que se iba a hacer en la tarde donde tratarían estos, y otros temas de política que habría a lo largo del día, lo cual acepté con gusto.
Al salir de ahí, me dirigí a una segunda conferencia; para aquel momento ya me encontraba muy emocionada, pues en verdad que las temáticas eran muy interesantes, y como dirían por ahí “me dieron en mis meros moles”, así es que ahora entré a la segunda mesa prospectiva: Medios de comunicación y política, de 12:00 a 13:30, donde estarían como Ponentes el Dr. José Carreño de la Universidad Iberoamericana, el Sr. Carlos Alazraki de nueva cuenta, y como Moderadora, la Mtra. Gabriela Warkentin Directora del Departamento de Comunicación de la UIA, quién en veces parecía picarle las costillas al señor Alazraki al mismo tiempo que le metía cizaña a José Carreño, pues se armó un gran debate acerca de las famosas encuestas políticas que a diario vemos en los medios de comunicación, y su influencia en nuestras decisiones de voto. La conclusión mas simple y sencilla de toda esta controversia, la dio Carlos Alazraqui, quien nos hizo soltar una gran carcajada entre el público al decir en tono eufórico que: “¡Las encuestas valen Madre!… no puedes influenciar a las personas que tienen voto duro, ni tampoco a los que ya tienen decidido por quien votar, no vas a cambiar tu voto por lo que diga la tendencia, el sector al que están dirigidas estas encuestas, es hacia los indecisos…”
Cuando fueron las 5:30 de la tarde, me dirigí a buscar el lugar donde grabarían el programa al cual me invitaron, al llegar encontré a Fernando, quien me dirigió a una de las mesas con micrófonos que estaban abajo de las gradas del público, el cual, no era muy numeroso por las dimensiones del estudio de grabación. Comenzó a llegar la gente, y nos dieron instrucciones, de nuevo el nerviosismo del pánico escénico se apoderó un poco de mi cuerpo, y más aun al ver que entró Emilio Azcarraga Jean, con el gobernador de Sinaloa y otras personalidades importantes, tanto para las grandes empresas como para los medios de comunicación; todos se sentaron en algún lugar de las mesas, pues también darían su opinión acerca del tema del día: la política.
El programa transcurrió sin contratiempos, casi perfecto diría yo, lo complicado era decir las primeras palabras, después la fluidez era normal. Salimos de ahí alrededor de las 7 de la tarde… el primer día de ESPACIO había finalizado. Pero a mi aún me quedaba un poco de cuerda para dar, así es que fui a preguntar por mi viejo amigo Gabriel, un productor de San Ángel a quién estimo mucho, después de mucho buscar su paradero, por fin di con su oficina, que estaba ubicada atrás del escenario del foro principal, pero llegué demasiado tarde, pues ya no había nadie; al salir, me encontré a un grupo de muchachos, todos ellos técnicos de audio y postproducción de Televisa, quienes me comentaron que mi amigo, había estado ahí con ellos 20 minutos antes. Tuve una charla muy amena con aquellos chicos, quienes me invitaron para que al día siguiente los visitara y entrara al taller de la TV ruta tecnológica, donde me enseñarían a hacer de pies a cabeza un programa de televisión.
El martes era mi segundo día, en la mañana entré a la primera conferencia, esta vez, el tema era la salud: ¿De qué morirán los jóvenes de hoy?, en esta mesa, estuvieron como ponentes el Dr. Jorge Saavedra, Director General de CENSIDA, el Sr. Pedro Damián, Productor, el Dr. David Kershenobich Stalnikowitz Profesor Titular C de Tiempo Completo. Laboratorio de Hígado, Páncreas y Motilidad (HIPAM). Del Departamento de Medicina Experimental de la Facultad de Medicina de la UNAM. Y como Moderador la Dra. Diane Pérez, Conductora de televisión; aquí hablaron un poco acerca de todas las enfermedades “modernas” que ya nos están afectando y que si no las tratamos, pueden convertirse en una de las principales causas de muerte en los adultos del mañana.
Ya entrada la tarde, decidí ir a visitar a mis nuevos amigos al taller de televisión, los cuales, muy prendidos, pusieron a bailar a todo el grupo que entró a esa hora, después seleccionaron a algunos para hacer un pequeño “sketch” que luego otros estaríamos editando, y unos mas le pondrían los efectos musicales, aquel día aprendí el proceso de postproducción y supe cómo se hace televisión… y me di cuenta que… no es nada fácil, sin embargo es algo apasionante. Al salir de ahí, decidí probar suerte a ver si encontraba a mi amigo Gabriel, esta vez tuve la fortuna de verlo, después de un efusivo abrazo de sorpresa, pues no esperaba verme ahí, nos quedamos platicando, y me invitó para que al día siguiente fuera a la grabación de un programa de “Telehit”, pero no estaría como público, si no detrás de cámaras para aprender como graban un programa en vivo e incluso tal vez me dejarían manejar un poco alguna cámara. Al escuchar esto, mis ojos se iluminaron, y desde ese momento esperaba ansiosa que fuera miércoles… lo cual, no tardó mucho en llegar, y muy entusiasmada llegue al auditorio principal por la parte de atrás a buscar a Gabriel y Alejandra, otra amiga que trabaja con él, después de un rato, por fin comenzarían a grabar el programa de “Rene Franco”, en donde iba a estar como invitada Sheyla, quien nos deleitó con su hermosa voz y gran carisma.
Mientras en el escenario todo parecía paz y tranquilidad, detrás de cámaras el ambiente es muy tenso, todo debe estar perfecto y bien cuidado para que lo que sale en la televisión llegue bien a nuestros hogares, unos supervisaban la calidad de la imagen, otros las distintas escenas que se transmitían en cada uno de los ángulos de varias cámaras, unos mas se encargaban del sonido y los efectos musicales, todo tenía que salir en el preciso instante que era necesario, pero sin duda alguna, me di cuenta de que si algún día llego a trabajar en esto, ¡no seré tituladora!, estas personas, se encargan de poner todas las letras que vemos en la pantalla, desde los nombres de los invitados y conductores hasta los subtítulos o el reparto de algún programa. Aquél día, creo que la tituladora fue una de las personas que más sufrió la presión por parte del equipo de producción, pues desgraciadamente las máquinas no son perfectas, ni nosotros tampoco, y algo andaba mal en la computadora donde se estaban editando las letras, así es que pude ver como regañaban con insistencia a esta pobre mujer, que casi lloraba de la impotencia, pues en realidad ella estaba haciendo las cosas bien, pero la tecnología no estaba de su lado en aquel momento. Al final del programa, me despedí de mis amigos, agradecida por la invitación, de ahí, entre a una conferencia de Televisa Espectáculos, con Dioni González y Mara Patricia Castañeda, estuvo muy divertida, pues hicieron una dinámica de tomar gente del público para que fueran “reporteros” y se enfrentaran a situaciones conflictivas como por ejemplo: Hacerle una entrevista a Lupita Dalesio… Al salir de ese taller, que fue de los últimos de la tarde, me fui al hotel a descansar… lo mejor aún estaba por venir…
El jueves me levanté algo turbada de mis pensamientos, ya sólo faltaban dos días para que terminara Espacio y la entrevista de mi tesis seguía en lista de espera debido a que mi entrevistado probablemente no asistiría… así es que ya me había resignado a hacerla en otra ocasión; sin embargo, di un salto de sorpresa al llegar al modulo de información y ver el programa de aquel día, en donde estaban los horarios y ponentes de cada uno de los eventos… y ahí estaba él: Eduardo Salazar, corresponsal de noticieros Televisa, el enviado especial que vivió la guerra en Irak, la principal fuente de información de mi tema de tesis, y sobre todo: mi entrevista. Su conferencia, era, según el programa, a las 5 de la tarde, en el edificio de la torre académica, para ser exacta, en el multiforo Televisa; al medio día, mientras comía me encontré con un nuevo amigo que había hecho un día anterior, Luis, un camarógrafo de eventos especiales de Televisa Chapultepec, quien muy amable se ofreció a acompañarme a la conferencia de Lalo Salazar, a la vez que me enseñó otra entrada “secreta” hacia el multiforo, al entrar ahí, una corazonada me dijo que algo andaba mal… así es que decidí preguntar si ahí sería la ponencia de Lalo para cerciorarme de estar en el lugar correcto, y en efecto, mis presentimientos no me engañaron, el evento había cambiado al polo opuesto de la sede de ESPACIO, así que tuve que trasladarme lo más rápido que pude a buscar como loca el salón de la nueva ubicación, gracias a Dios, al preguntar alguien me dijo donde era exactamente, y aunque unos minutos tarde, pude entrar y sentarme en un buen lugar para grabar la conferencia, muy interesante por cierto, pues Eduardo Salazar, relató muchas de sus experiencias desde que se fue a Irak hasta que regresó de la guerra, incluso mostró un video muy dramático donde pueden observarse escenas de la guerra y del excelente trabajo que realizó como periodista.
Al terminar la conferencia, salió por atrás, por lo cual me vi en líos para encontrarlo, así es que salí corriendo hacia todas las direcciones a ver en donde lo veía ¡Tenía que hacerle la entrevista!, para mi buena suerte, unas chicas lo retuvieron para sacarse algunas fotos con el, eso me dio tiempo de correr a alcanzarlo y presentarme, a lo cual, él respondió encantado y se mostró de lo más amable y sencillo conmigo y con todas las personas que se acercaban a platicar con él, me estuvo hablando acerca de cómo llegó a ser periodista, y también sobre algunos problemas y anécdotas chuscas que tuvo cuando empezaba como corresponsal. Después de eso, hice la tan ansiada entrevista mientras caminábamos al auditorio central, donde estaría como invitado en un programa de “Telehit” con Horacio Villalobos y “El Burro”. Después de cenar, decidí salir un rato a divertirme, así es que me fui con los chicos de postproducción y algunas amigas al cine a ver “Soltero en casa”, una muy divertida película.
Llegó el día menos deseado… el viernes, era mi último día entero en Culiacán, y también ahí terminaría mi aventura en ESPACIO… más no mi sueño… eran mis últimas horas, y tenía que aprovecharlas al máximo. Llegué al comedor a desayunar, y tuve la grata sorpresa de encontrarme a algunos compañeros y nuevos amigos de Televisa, así es que almorzamos juntos mientras platicábamos de algunas cosas del evento.
Al salir del comedor y despedirnos, caminé hacia el modulo de información para pedir un programa del día y ver los eventos que habría, me dieron la hoja y comencé a leerla, de pronto, mis ojos se detuvieron y se hicieron enormes, mi boca se abrió y mi mente se colapsó por un momento, no era posible lo que estaba leyendo, lo leí, lo releí y lo volví a leer aún estupefacta y parada a medio camino, y dije “¡No puede ser!”, así es, en la hoja claramente decía: “5:00 p.m. Taller de Radio con Carlos Loret de Mola en la Torre Académica”. Aún no lo podía creer, ¡Tenía que ir a ese evento!, así es que durante todo el día, me la pasé ayudando con los libros a mi amigo Raúl, para terminar pronto y poder irme a la conferencia; de la emoción, hasta el hambre se me quito y no comí casi nada, por fin terminé y a las 4 de la tarde, una hora antes del evento, llegué a la Torre Académica para apartar un “buen lugar”, pero ¡Oh sorpresa! Muchos pensaron lo mismo que yo, y cuando llegué ya había por lo menos más de 100 personas haciendo fila para entrar… después una mujer algo antipática y sangrona, nos dijo a los que llegamos en ese momento que ya no iban a dejar pasar gente, que el cupo era de 80 personas máximo y que ni siquiera hiciéramos el intento de formarnos, después pareció cambiar de opinión y dijo que nos formáramos, que “tal vez” nos dejaba entrar 10 minutos a sacar fotos en grupos de 5 personas, y sólo a los que trajeran Gafete de prensa (el mío era de staff por lo cual al parecer no iba a entrar ni con chochos).
En ese momento, comencé a desesperarme y a darle vueltas en mi cabeza tratando de encontrar alguna manera de entrar, buscaba con la mirada por todos lados, a ver si veía a alguien conocido que me ayudara a pasar, pero nadie pasó en ese momento… como si fuera un milagro, tal parece que Dios se apiadó de mi y en eso, una mujer de Producción, llegó a decirnos: “la conferencia se va a cancelar de este lugar, la vamos a hacer en el multiforo que es mas grande, para que entren más, pero ahora si váyanse para allá a formarse”… ¡todo mundo corrió como estampida hacia el otro salón!, que quedaba a unos metros de distancia, y como yo era de las ultimas, pude correr más rápido hacia allá, algunos alcanzaron a entrar, pero después una muchacha se puso ahí en la entrada a detener a los que quisieron pasar, pero gracias a mi amigo Luis, recordé que había otra entrada “secreta” al mismo lugar, la cual no tenía ni una sola persona que la estuviera custodiando, así es que muy discreta, me fui corriendo hacia el otro lado y logré colarme sin ser descubierta, entonces pude agarrar un lugar en la quinta fila, al centro, mientras se acababa una conferencia que estaba antes. Carlos Loret de Mola, llegó un poco tarde, pero valió la pena la espera. Durante su ponencia, relató algunas experiencias de la guerra de Afganistán y también de cuando fue corresponsal en la tragedia del “Tsunami”, al terminar entre una gran ovación, el periodista salió literalmente “Huyendo” por la parte trasera, ¡y con justa razón!, si se baje por el escenario, no creo que hubiera salido vivo de ahí, pues había muchas muchachas (y también uno que otro muchacho) que se lo querían comer, sacarse fotos con él o pedirle algún autógrafo.
Salí de ahí un poco nostálgica, la noche ya comenzaba a caer, la gente salía y la Universidad poco a poco se estaba quedando cada vez más vacía… en algunos lugares, pude ver como desmontaban las escenografías… era el momento de comenzar con las despedidas, que creo, no son gratas para nadie… Fui primero con Gabriel y Alejandra, quienes se encontraban en el auditorio principal quitando tablas, equipo y pantallas, una de las cuales por poco y les cae encima; después pasé con mis amigos de postproducción, los cuales estaban aún mas atareados trabajando todos en equipo: unos bajaban las luces con una polea, otros desconectaban cables, algunos arrastraban carritos con material y tablas de madera, y unos mas desarmaban cosas… era triste… yo vi cuando lo estaba armando, ¡Que bonito se veía todo acomodado! Y ahora… poco a poco iban desmantelando cada parte del escenario… dejando todo como estaba antes… vacío… solo… Decidí salir de allí antes de que me dieran ganas de llorar… soy muy sentimental… Subí al autobús, que por última vez me llevaría a mi hotel, al llegar, me puse a hacer maletas, partía de regreso a Guadalajara a las 8 y media de la mañana, así es que preferí dejar todo listo. Me senté en la cama a ver la tele un rato, tal vez dormité un poco, y creo que di unos cuantos cabezazos, me moría de sueño… en eso, decidí salir un rato a distraerme y conocer un poco más de Culiacán; me fui con varios de mis amigos, caminamos para buscar algún sitio agradable donde pudiéramos platicar. Llegamos al centro, pasamos por la catedral, y atrás de esta, había muchos restaurantes, bares y cafés, así como una pequeña plaza donde se veía mucha gente; decidimos entrar a uno de esos cafés, nos sentamos y comenzamos a conversar… y como diría una vieja y conocida canción: “nos dieron las 9, las 10 y las 11… las 12, la 1, las 2 y las 3…” ¡Qué rápido pasa el tiempo!, sin pensarlo, ya pasaban de las tres de la mañana, y nos dimos cuenta porque nos dijeron que ya iban a cerrar el lugar… salimos de ahí, pero vimos que afuera había un espectáculo en la plaza, nos quedamos un rato… después, regresamos de nuevo a deambular por las calles, y de ahí nos sentamos en la banca de un parque, ¡Era el último día y había que disfrutar cada segundo!, caminamos, mientras nuestra plática seguía, hasta que llegamos a mi hotel… eran las 6 de la mañana… nunca me había quedado una noche entera sin dormir platicando con amigos… pero eso no me preocupaba, tendría muchas horas para dormir en el autobús.
Tomé un café con leche en la recepción, subí por mis maletas, compre algunas cosas para comer en el camino, y llamé a un taxi para que me llevara a la central… mi camión salió y afortunadamente en el camino me tocó una agradable compañía, un señor ya grande, muy amable, que en ratos (cuando estaba despierta) me hacía plática… yo aún llevaba puesto mi gafette de ESPACIO… es una experiencia que jamás en la vida olvidaré, y que espero repetir el próximo año, cada vez mejor…
Llegué a Guadalajara a las 10 de la noche… fueron 12 horas de camino, el 80% de las cuales, las pase durmiendo, ni siquiera vi una sola de las 5 películas que pusieron. Al bajarme, fue como haber despertado de uno de esos largos y dulces sueños, en los que te preguntas si lo que viviste fue real… y me dije a mi misma: “Bienvenida de nuevo a la Realidad”…
Espero que esta experiencia les haya gustado, sólo me resta decirles que nunca dejen de luchar por sus sueños, por difíciles que parezcan… en esta vida no hay nada imposible, no importa la edad, el sexo ni la condición social, sólo las ganas de superación y de ser mejores cada día. Nosotros somos los que ponemos el límite y decidimos hasta donde queremos llegar, si nos dejamos vencer por un obstáculo, o lo enfrentamos hasta las últimas consecuencias… recuerden lo que dice aquella frase que es una de mis citas favoritas: “comienza por hacer todo lo necesario, después haz lo que te sea posible… y pronto te encontrarás haciendo lo que parecía imposible…” Se los dejo de tarea, ¡hasta la próxima!
Roxana Zepeda.